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Las
mujeres que bailamos esta danza conseguimos fortalecer y flexibilizar
todos los músculos de nuestro cuerpo, captamos energías
positivas, nos dulcificamos internamente facilitando
así las funciones biológicas propias del sexo
femenino. Hemos comprobado que se sueltan tensiones
profundas de las que muchas veces no tenemos consciencia, dulcificamos
la mirada, adquirimos estilo propio y nos envolvemos por una especie
de aura misteriosa despertando el interés de las personas que
nos rodean. Es la única danza con la que conseguimos disfrutar
con nosotras mismas, nos autoafirmamos, llegando a sentir una
mezcla de placer y euforia al mismo tiempo. Despejamos nuestra mente
y sin darnos cuenta cultivamos exquisitez, belleza, delicadeza...
Nuestro natural erotismo se sublima convirtiéndose en
fuente de agua viva que libremente sobresale por su generosidad, amor
y alegría.
Su origen
se remonta a miles de años a.C. En los antiguos templos
egipcios se reservaba a pocas mujeres la suerte de bailar delante
de los dioses para implorar sus favores, agradecer sus beneficios y
ofrecer dones. Con la invasión árabe los sultanes podían
conceder privilegios a aquellas que destacaban en sensualidad
y belleza. El harén sería un paso inevitable
para algunas mujeres que posteriormente conseguirían regalos
y favores inimaginables. Más tarde, con la llegada de los turcos,
esta danza se enriquecería con mayor calidad técnica
sin perder por ello su magia, su esplendor y su misterio.
En la actualidad, la Academia de Danza Oriental EL Karnak, te ofrece
la oportunidad de conseguir con tu cuerpo: elasticidad, salud, ritmo,
estilo, elegancia además de hacer que pases un rato divertido
aprendiendo esta bella disciplina artística.
Con
unas horas dedicadas semanalmente a tí, descubrirás una
maravillosa manera de ser mujer.
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