El zaar es un tema fascinante que nos transporta a la esencia misma de costumbres ancestrales y rituales llenos de misticismo.
A menudo confundido con una danza folclórica, en realidad el zaar es un ritual de exorcismo, una práctica que aún se lleva a cabo en diversas regiones del norte de África.
¿Para qué se utilizaba el rito Zaar?
Este rito tiene raíces profundas y un significado que va más allá de lo que nuestros ojos pueden percibir.
Imaginemos por un momento el contexto de principios del siglo pasado.
En esa época, la figura del psicólogo tal como la conocemos hoy no existía.
La salud mental era un concepto poco comprendido; cualquier trastorno, ya fuera depresión, ansiedad o malestar, se atribuía a la posesión de alguna entidad.
En aquellas comunidades, la solución a estos problemas recaía en las manos de aquellas personas encargadas de llevar a cabo sesiones de exorcismo.
El zaar se convirtió, entonces, en una forma de enfrentar lo desconocido, de dar sentido a lo que no se comprendía.
Descripción del rito Zaar
Durante el ritual, se disponían dos espacios claramente delimitados: un área donde unas mujeres tocaban música, y otra donde se sentaba la persona afectada, comúnmente en el suelo, al otro lado de una cortina o tela.
La música que se interpretaba era el ritmo ayoub (ritmo de 2 tiempos), un compás hipnótico que, según la creencia popular, provocaba la manifestación del demonio en el cuerpo de la persona.
| D – – K | D – T – |
La interpretación comenzaba de manera lenta, un suave susurro de tambores, que poco a poco iba acelerando hasta convertirse en un frenético estallido sonoro.
Es interesante notar cómo este ritmo, tan característico, guarda similitudes con el movimiento de los derviches, quienes entran en trance a través de giros, siguiendo también el ritmo ayoub.
Sin embargo, aunque ambos procesos tienen un fondo rítmico similar, sus propósitos son completamente distintos.
Regresando al ritual del zaar, es asombroso observar la liberación que experimenta la persona sentada en el suelo.
Ella simplemente debe dejarse llevar por la música, permitiendo que su cuerpo exprese lo que siente.
Se cree que los movimientos son irresistibles para los demonios, forzándolos a manifestarse.
Así, conforme la intensidad de la música aumenta, los movimientos del cuerpo se vuelven más vigorosos, culminando en una agitación total.
Se consideraba que el demonio abandonaba el cuerpo a través de las extremidades y el cabello, por lo que la liberación final culminaba con una serie de sacudidas de cabeza y brazos.
Una vez que la persona caía rendida, el ritual llegaba a su fin.
La música se detenía, marcando el cierre del exorcismo y la expulsión del demonio.
No confundir el ritmo ayoub cuando aparece en el ritual y/o en la danza del vientre.
Este proceso, aunque pueda parecer extraño desde nuestra perspectiva moderna, probablemente resultó eficaz para muchas personas que buscaban respuestas y alivio a sus sufrimientos.
No obstante, es fundamental entender que el zaar no es una danza en sí misma, aunque el ritmo ayoub también se encuentra presente en la danza oriental.
Durante algunos solos de percusión, se puede observar a las bailarinas utilizar este ritmo, que comienza despacio y se acelera hacia el final, llevándolas a tomar decisiones cruciales en medio de su actuación.
Tienen dos caminos: continuar bailando y encontrar la manera de mantener la energía o aludir al zaar y realizar movimientos que recuerden a ese ritual ancestral.
Personalmente, yo prefiero seguir el flujo de la música y evitar los movimientos bruscos asociados al zaar. Creo que, aunque pueden ser impresionantes visualmente, pueden resultar incómodos tanto para la bailarina como para el público, que seguramente se preocupa más por la salud del cuello de la artista que por el espectáculo mismo.
Conclusión
Es vital recordar que el zaar no es un folclore ni una simple serie de pasos coreografiados.
Es, en esencia, la representación de un ritual de exorcismo, con movimientos que han sido adaptados para el escenario y que nos invitan a reflexionar sobre la conexión entre la cultura, la salud mental y la historia.
Al final, el zaar es un testimonio de la forma en que las comunidades han enfrentado lo desconocido y han encontrado formas únicas de sanación a lo largo del tiempo.
¿No es acaso increíble?
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